Es la nueva generación del servicio de conectividad móvil, el que comenzó a gestarse hace ya cuatro décadas a nivel mundial con la aparición de los primeros celulares. Una evolución que partió por la voz, mensajes de texto, datos y ahora, conectividad total.
Con el mismo recurso que la red 4G usa para conectar un solo dispositivo, 5G podría conectar cerca de 10 dispositivos inteligentes. De este modo, en lugares súper poblados o con muchas personas compartiendo datos la conexión será mejor.
¿Cuáles son las diferencias entre 5G y fibra óptica?
Ambas cuentan con características de velocidad y estabilidad similares, sin embargo, la fibra es de uso fijo, en cambio 5G es parte de la evolución de la tecnología móvil. Son complementarias.
Los beneficios de la tecnología 5G
La tecnología 5G contribuye al desarrollo y avance en investigaciones sobre salud y educación, ya que entrega un mejor acceso a la información y comunicación, así mismo reduce los tiempos y permite entregar mejores oportunidades de atención a las personas desde la telemedicina hasta la realización de estudios especializados.
A medida que se consolida, la tecnología 5G impulsa el crecimiento de comunidades y empresas, ya que favorece la conectividad de más equipos conectados, lo que potencia el uso del IoT (Internet de las Cosas).
¿Es peligroso el 5G para la salud?
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha estudiado durante años los efectos de las antenas celulares sobre la salud de las personas y ha descartado daños relacionados con las ondas que emiten. La potencia en la emisión que producen las antenas es baja y no hay evidencia que demuestre que sus ondas tienen efecto en la salud de las personas.
Sin embargo, como medida precautoria, la OMS recomienda a los países establecer normas que fijen límites a la densidad de potencia de las antenas, para no exponer innecesariamente a las personas a niveles superiores a dichos límites.
El límite máximo de potencia para las antenas permitido en Chile es en promedio 10 veces más bajo que lo recomendado por la OMS y hasta 100 veces más bajo que lo autorizado en países desarrollados como Estados Unidos.